Cuando las personas eran la única base de datos
Sociedad anterior a la escritura
Memoria colectiva
Imagina vivir hace diez mil años
Imagina que vives hace diez mil años.
No hay teléfono, documentos ni perfiles.
Ni siquiera existe la escritura.
Un desconocido entra en la aldea
Afirma que sabe cazar animales grandes y dirigir al grupo con seguridad.
¿Cómo sabrías si su historia es cierta?
¿Cómo saber si merece confianza?
Hoy podemos consultar su nombre, perfil, proyectos y referencias.
En aquel mundo, nada de eso existía.
La comunidad almacenaba la identidad
La única opción era preguntar a quienes lo conocían.
La memoria comunitaria almacenaba su identidad profesional.
Las personas fueron la primera base de datos
Las personas fueron la primera base de datos.
No había servidores, discos duros ni nube. Solo memoria individual y colectiva.
Cuando la memoria se volvió un límite
La memoria puede distorsionarse, depende de las emociones y no puede crecer sin límite.
Una aldea pequeña puede recordar a todos. Una ciudad grande no.
La civilización necesitaba otra memoria
Las habilidades y la reputación no podían viajar lejos mediante relatos.
La civilización necesitaba memoria fuera del cerebro humano.
La historia tecnológica también es la historia de recordar a las personas
Cada revolución tecnológica permitió recordar mejor, más rápido y con mayor fiabilidad.
De la pregunta “¿Quién es realmente una persona?” comienza el viaje de Work Identity.